Sobreesfuerzo
Un día, el estaba tranquilo, descansando de una larga
jornada de trabajo. Cuando de repente empezaron a llover los favores. Su madre
le pedía que hiciera el quehacer de la casa. Intento quejarse para no hacerlo,
pero no le sirvió, al contrario, lo regañaron horriblemente y lo amenazaron
para que lo hiciera. El pobre enojado lo hiso de mala gana. Pero lo hiso.
El siempre era el mandadero de todos, si necesitaban algo
se lo piden siempre a él. Aunque sea una estupidez como ir por un poco de agua.
Pero siempre lo hacía.
Esta situación no le molestaba tanto, lo que le molestaba
era que al pobre nunca le agradecían su duro trabajo. Cuando el ya no quería
seguir trabajando, sus conocidos siempre le decían que no hacía nada, que era
un flojo que solo se la vive de los demás. El castor siempre llegaba con esa
gente y le recordaba los múltiples favores que él les hacía. Pero ellos siempre
respondían “Solo eso y ya. Eso hasta yo lo pude haber hecho”
El castor vivía siempre en ese estrés. Siempre cumplía
todo lo que le pedían y rara vez se lo agradecían, un día, tenía que terminar
la presa antes de la temporada de lluvias. A este le gustaba hacer presas, pero
eran muy difíciles de hacer. El se levantaba temprano para hacer la presa. Pero
como siempre le pedían un montón de favores y el tenía que hacerlos.
La temporada de lluvias llego. El castor no termino la
presa por los favores que él hacía. Todos los animales le reclamaron al pobre
sobre lo que paso, le decían que era un vago que no sabe hacer nada, solo se la
pasa durmiendo y comiendo, no hace nada por nosotros.
El castor enojado, decidió tirar la presa en señal de
protesta. Cuando los animales trataron de atacarlo por su rebeldía, el castor
se lanzo por la cascada más cercana, desapareciendo
en las frías aguas. Y nadie volvió a saber de él.